miércoles, 15 de junio de 2016

Comentario del T. I. de "El talento de Mr. Ripley".

En esta entrada haremos un comentario de práctica sobre un fragmento de la última obra estudiada. Comentaremos el tema principal y, si se da el caso, el tema o temas secundarios. También haremos un breve resumen de lo que se narra en el fragmento, trataremos de relacionar los temas principales con el resto de la obra y encuadraremos el fragmento en base a la parte de la obra a la que se encuentre. No podemos olvidar hablar del espacio en el que ocurren los hechos, los recursos literarios y comentar de forma breve sobre los personajes que en él aparecen.

Subió a la habitación de Dickie y estuvo paseándose por ella durante un rato, con las manos en los bolsillos, preguntándose cuándo volvería Dickie. Se dijo que tal vez se quedaría con Marge toda la tarde, que en realidad se acostaría con ella. Abrió el ropero de un tirón y miró dentro. Había un traje de franela gris, nuevo y bien planchado que nunca le había visto a Dickie. Tom lo sacó del armario. Se quitó sus propios pantalones, que solamente le cubrían hasta las rodillas, y se puso los pantalones del traje. Se calzó un par de zapatos de Dickie. Después abrió el último cajón de la cómoda y sacó una camisa limpia a rayas blancas y azules.
Escogió una corbata azul oscuro de seda y se la anudó meticulosamente. El traje le sentaba bien. Se peinó de nuevo, esta vez con la raya un poco más hacia un lado, tal como la llevaba Dickie.
—Marge, tienes que comprender que no estoy enamorado de ti —dijo Tom frente al espejo e imitando la voz de Dickie, más aguda al hacer énfasis en una palabra, y con aquella especie de ruido gutural, al terminar las frases, que podía resultar agradable o molesto, íntimo o distanciado, según el humor de Dickie—. ¡Marge, ya basta!
Tom se volvió bruscamente y levantó las manos en el aire, como si agarrase la garganta de la muchacha. La zarandeó, apretándola mientras ella iba desplomándose lentamente, hasta quedar tendida en el suelo, como un saco vacío. Tom jadeaba. Se secó la frente tal como lo hacía Dickie, buscó su pañuelo, y, al no encontrarlo, sacó uno de Dickie del primer cajón de la cómoda, luego siguió con su actuación delante del espejo. Entreabrió la boca y observó que hasta sus labios se parecían a los de Dickie cuando éste se hallaba sin aliento después de nadar.
—Ya sabes por qué he tenido que hacerlo —dijo, sin dejar de jadear y dirigiéndose a Marge, pese a estar contemplándose a sí mismo en el espejo. —Te estabas interponiendo entre Tom y yo... ¡Te equivocas, no se trata de eso! ¡Pero sí hay un lazo entre nosotros!
Dio media vuelta y, sorteando el cadáver imaginario, se acercó sigilosamente a la ventana. Más allá de la curva de la carretera, podían verse los escalones que subían hasta el domicilio de Marge. Dickie no estaba allí ni en los tramos de carretera visibles desde la ventana.
«Tal vez estén durmiendo juntos», pensó Tom, sintiendo un nudo de asco en la garganta. Se imaginó el acto, torpe, chapucero, dejando insatisfecho a Dickie y maravilloso para Marge. Se dijo que a la muchacha le agradaría hasta que Dickie la torturase. Se acercó rápidamente al ropero y sacó un sombrero de la estantería de arriba. Era un pequeño sombrero tirolés, adornado con una pluma verde y blanca.
Se lo encasquetó airosamente, sorprendiéndose al comprobar lo mucho que se parecía a Dickie con la parte superior de la cabeza oculta bajo el sombrero. De hecho, lo único que les diferenciaba era que su pelo era más oscuro. Por lo demás, la nariz... al menos su forma en general... la mandíbula enjuta, las cejas si les daba la expresión apropiada...
—¿Qué diablos estás haciendo?
Tom se volvió rápidamente. Dickie estaba en la puerta. Tom comprendió que debía de haber estado en la verja al asomarse él momentos antes, por eso no le había visto.
—Bueno... sólo trataba de divertirme —dijo Tom, con el tono grave de voz que en él era síntoma de embarazo—. Lo siento, Dickie.

Tras la lectura del fragmento podemos sacar en conclusión que el tema principal es el deseo que tiene Ripley por ser otra persona o; en otras palabras, parecerse a Dickie en cuanto al modelo de vida que éste lleva, pues bien sabemos que le envidiaba por "las riquezas" que éste tenía... También podemos observar el deseo de integración que éste tiene ya que, como comentábamos anteriormente, no se considera una persona con prestigio y también encontramos presente el tema de la homosexualidad, puesto que se siente celoso de la esposa de Dickie. Cabe destacar que los temas más comunes en la novela son los que hemos comentado en base al fragmento a analizar.

En cuanto al encuadre de dicho fragmento, sabemos que se encuentra en el capítulo número 10 de los 30 que componen la novela. Podríamos decir que en esta parte es donde se plantea el nudo y si hacemos una lectura del fragmento podemos ver que Dickie empieza a ignorar de alguna forma a Ripley. Este se da cuenta de la situación y entra en un estado de soledad, por lo que como distracción o buscando conseguir lo que pretendía, se marcha a su piso y allí trata de adoptar por completo la identidad del hijo del señor Greenleaf. Finalmente lo conseguirá tras el asesinato del señor Dickie.

El narrador de este fragmento y en general, en toda la novela, es un narrador en tercera persona desde un punto de vista omnisciente. El tiempo transcurre de forma lineal y respecto al espacio, sabemos que la acción se desarrolla en el apartamento en Mongibello. No podemos pasar por alto que el texto se narra de forma muy clara y directa, destacando también el papel que tienen los personajes, pues no expresan muchos sentimientos.

Si hacemos una división del fragmento, podríamos establecer como planteamiento las primeras 11 líneas, como nudo; las siguientes 27 líneas y finalmente, el desenlace que lo abarcan las últimas 5 líneas.

Para finalizar con la entrada y comentando sobre los recursos literarios que se emplean en la obra y en este fragmento, es de mencionar que no abundan, aunque durante la lectura de la novela podemos encontrar algunas exclamaciones como "¡Marge, ya basta!" presente en este fragmento, y alguna que otra reticencia como "Por lo demás, la nariz... al menos su forma en general...", también presente en el anterior fragmento.

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