domingo, 31 de enero de 2016

Comentario del T. II. sobre Werther.

12 DE DICIEMBRE

“Querido Guillermo: Me encuentro en un estado que debe parecerse al de los que antiguamente se creían poseídos del espíritu maligno. No es el pesar, no es tampoco un deseo ardiente, sino una rabia sorda y sin nombre lo que me desgarra el pecho, me anuda la garganta y me sofoca. Sufro, quisiera huir de mí mismo, y paso las noches vagando por los parajes desiertos y sombríos de que abunda esta estación enemiga.

“Anoche salí. Sobrevino súbitamente el deshielo y supe que el río se había salido de madre, que todos los arroyos de Walheim corrían desbordados y que la inundación era completa en mi querido valle. Me dirigí a él cuando rayaba la medianoche, y presencié un espectáculo aterrador. Desde la cumbre de una roca vi a la claridad de la luna revolverse los torrentes por los campos, por las praderas y entre los vallados, devorándolo y sumergiéndolo todo; vi desaparecer el valle; vi en su lugar un mar rugiente y espumoso, azotado por el soplo de los huracanes. Después, profundas tinieblas; después la luna, que aparecía de nuevo para arrojar una siniestra claridad sobre aquel soberbio e imponente cuadro. Las olas rodaban con estrépito..., venían a estrellarse a mis pies violentamente… Un extraño temblor y una tentación inexplicable se apoderaron de mí. Me encontraba allí con los brazos extendidos hacia el abismo, acariciando la idea de arrojarme en él. Sí, arrojarme y sepultar conmigo en su fondo mis dolores y sufrimientos. Pero ¡ay qué desgraciado soy! No tuve fuerzas para concluir de una vez con mis males, mi hora no ha llegado todavía, lo conozco. ¡Ah, Guillermo!


¡Con qué placer hubiera dado esta pobre vida humana para confundirme con el huracán, rasgar con él los mares y agitar sus olas! ¡Ah!, ¿no alcanzaremos nunca esta dicha los que nos consumimos en nuestra prisión? ¡Qué tristeza se apoderó de mí cuando mis ojos se fijaron en el sitio donde había descansado con Carlota bajo un sauce después de un largo rato de paseo! También allí había llegado la inundación, y a duras penas pude distinguir la copa del sauce. Pensé entonces en la casa del juez en sus prados... El torrente debía de haber arrancado también nuestros pabellones y destruido nuestros lechos de césped. Un luminoso rayo del pasado brilló ante mi alma, como brilla en los sueños de un cautivo una ola de luz que le finge praderas ganado o grandezas de la vida. Yo estaba allí de pie... ¡Ah! ¿Es que me falta valor para morir? Yo debía... Y, sin embargo, heme aquí como una pobre vieja que recoge del suelo sus andrajos y va de puerta en puerta pidiendo pan para sostener y prolongar un instante más su miserable vida.”



En éste fragmento; podemos ver una carta escrita por Werther a su amigo Guillermo el día 12 DE DICIEMBRE, en la que refleja el sufrimiento que tiene por lo que le está pasando y expone la idea del suicidio, aunque dice que aún no le ha llegado su hora y decide que esa no será la ocasión en la que ponga fin a sus dolores.

Como tema principal de la obra tenemos el suicidio, pues continuamente el protagonista tiene pensamientos melancólicos y suicidas que le llevan finalmente a cometer dicho acto. Quizás, también se plantee como tema secundario el argumento del arte y naturaleza, ya que identifica el entorno en el que está rodeado (una inundación que arrasa con todo lo que hay en su querido valle, entre ellas, un sauce que le traía buenos recuerdos ya que bajo él había descansado con Carlota) con sus sentimientos personales.

Probablemente todos estos pensamientos que se le pasan por la cabeza a Werther, se deban al odio que siente contra la sociedad en la que vive, relacionando este otro tema con el Mal del Siglo.

Este fragmento pertenece a la parte en la que el editor se dirige al lector, la última de las tres partes en las que se divide esta novela epistolar, relatándonos el final de la relación entre Werther y Carlota. El espacio en éste fragmento y el narrado continuamente en la obra es el pueblo del que tanto hace mención el autor (Walhleim) y Werther es el único personaje de éste fragmento.

A raíz de este fragmento y al igual que en el anterior comentario, podemos decir que en ocasiones podemos observar la discontinuidad que hay entre carta y carta, siendo también muy variada la extensión entre unas y otras.

Finalmente, también cabe destacar el uso de diferentes recursos a lo largo de éste fragmento. Son los siguientes:

- Interrogaciones: ¿Es que me falta valor para morir?
- Reticencias: Yo debía...
- Interjecciones: ¡Ah!
- Exclamaciones: ¡Ay qué desgraciado soy!

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